Embriágame con tu fuerte aroma
y con cada uno de tus granos de sal
constrúyeme un castillo en el mar.
Preferiría morir
a dejar de sentir
tus olas golpeando en mí.
Desearía la muerte
antes de no encontrar
mis huellas en tu arena,
a que dejes de enredar
mi cabello con tu brisa.
Acaríciame en cada soplido,
en cada gota de agua.
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