Solo bastó una mirada, en ese momento lo entendí.
No necesitaba palabras para descifrarte, a través de tus
ojos lograba desnudarte.
Tú, lograste desarmarme con una sonrisa, pusiste mi cordura
en tela de juicio, y no te importó.
No te importó adueñarte de mí con solo un gesto.
De nuevo sonreías, los hoyuelos en tus mejillas se abrían camino
para descompensar mi cuerpo.
Entonces, te temí. Ya era tuya, y no quedaba rastro de que
alguna vez fui mía.
“¿Cómo podías lograr eso?” “¿Quién eras para hacerlo?”
A esas preguntas no me importaba encontrarles una respuesta
cuando te vi sonreír una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario